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Los Quileutes desde tiempos ancestrales han podido convertirse en lobos, gracias a ello han podido proteger a su tribu de sus enemigos, con el tiempo se encontraron con los vampiros a quienes ellos llamaron "los frios" ( the cold one) gracias a sus garras y colmillos podian destruirles; cada vez que un vampiro aparecia por las cercanias una generación de Quileutes se convertia en Lobo para vencerle, asi fue quie llegaron a Ephraim Black quien conoció a los cullen como ellos decian ser "vegetarianos", Ephaim les permitió vivir. Hicieron un pacto, Ellos no atacarian a los "carapalida" y no entrarian en la reserva y a cambio los Quileutes no les dirian a nadie quienes eran. Y asi el trato siguió intacto hasta que Bella Swan llegó a Forks.

A continuación un estracto del cápitulo "leyendas" del tercer libro de la saga crepusculo Eclipse de Stephenie Meyer. Billy Black relata la historia de los Quileutes y tambien un poco del pacto con los Cullen.

<<Los quileute han sido pocos desde el principio —comenzó Billy—. No hemos
llegado a desaparecer a pesar de lo escaso de nuestro número porque siempre ha corrido
magia por nuestras venas. No siempre fue la magia de la transformación, eso acaeció
después, sino que al principio, fue la de los espíritus guerreros
.
Nunca antes había sido consciente del tono de majestad que había en la voz de Billy
Black, aunque en ese momento comprendí que esa autoridad siempre había estado allí.
El bolígrafo de Emily corría por las páginas de papel procurando mantener su ritmo.
En los primeros tiempos, la tribu se estableció en este fondeadero y adquirió gran
destreza en la pesca y en la construcción de canoas. El puerto era muy rico en peces y el
grupo, pequeño; por ello, pronto hubo quienes codiciaron nuestra tierra, pues éramos
pocos para contenerlos. Tuvimos que embarcarnos en las canoas y huir cuando nos atacó
una tribu más grande.

»Kaheleha no fue el primer espíritu guerrero, pero no han llegado hasta nosotros las
historias acaecidas con anterioridad. No recordamos quién fue el que descubrió este
poder ni cómo se usó antes de esta situación crítica. Kaheleha fue el primer Espíritu Jefé
de nuestra historia. Él se sirvió de la magia para defender nuestra tierra en aquel trance.
»Él y todos los guerreros dejaron las canoas; no en carne y hueso, pero sí en espíritu.
Las mujeres se ocuparon de los cuerpos y las olas y los hombres volvieron a tierra en
espíritu.
»No podían tocar físicamente a la tribu enemiga, pero disponían de otras formas de

lucha. La tradición detalla que hicieron soplar fuertes vientos sobre el campamento
enemigo; el viento aulló de tal modo que los aterrorizó. Las historias también nos dicen
que los animales podían ver a los espíritus guerreros y comunicarse con ellos, de modo
que ellos los usaron a su antojo.
»Kaheleha desbarató la invasión con su ejército de espíritus. La tribu invasora traía
manadas de enormes perros de pelaje espeso que utilizaban para tirar de sus trineos en
el helado norte. Los espíritus guerreros volvieron a los canes contra sus amos y luego
atrajeron a una inmensa plaga de murciélagos desde las cuevas de los acantilados.
También usaron el aullido del viento para ayudar a los perros a causar confusión entre los

hombres. Al final, los perros y los murciélagos vencieron. Los invasores supervivientes se
dispersaron y consideraron el fondeadero como un lugar maldito a partir de entonces. Los
perros se volvieron salvajes cuando fueron liberados por los espíritus guerreros. Los
quileute volvieron a sus cuerpos y con sus mujeres, victoriosos.

»Las otras tribus vecinas, la de los hoh y los makah, sellaron tratados de paz con los
quileute, porque no querían tenérselas que ver con nuestra magia. Vivimos en paz con
ellos. Cuando un enemigo nos atacaba, los espíritus guerreros lo dispersaban.
»Pasaron muchas generaciones hasta la llegada del último Espíritu Jefe, Taha Aki,
conocido por su sabiduría y su talante pacífico. La gente vivía dichosa y feliz bajo su
cuidado.
»Pero había un hombre insatisfecho: Utlapa.
Un siseo bajo recorrió el círculo alrededor del fuego. Reaccioné tarde y no logré
detectar su procedencia. Billy hizo caso omiso al mismo y continuó con la narración.
—Utlapa era uno de los espíritus guerreros más fuertes del jefe Taha Aki, un gran

guerrero, pero también un hombre codicioso. Opinaba que nuestra gente debía usar la
magia para extender sus territorios, someter a los hoh y los makah y erigir un imperio.
»Empero, los guerreros compartían los pensamientos cuando eran espíritus, por lo
que Taha Aki tuvo conocimiento de la ambición de Utlapa, se encolerizó con él, le
desterró y le ordenó no convertirse en espíritu otra vez. Utlapa era fuerte, pero los
guerreros del jefe le superaban en número, así que no le quedó otro remedio que irse. El
exiliado, furioso, se escondió en el bosque cercano a la espera de una oportunidad para
vengarse del jefe
.
»El Espíritu Jefe estaba alerta para proteger a su gente incluso en tiempos de paz.
Con tal propósito, frecuentaba un recóndito lugar sagrado en las montañas en el que
abandonaba su cuerpo para recorrer los bosques y la costa y así cerciorarse de que no
había ningún peligro.

»Un día, Utlapa le siguió cuando Taha Aki se marchó a cumplir con su deber. Al
principio, sólo planeaba matarle, pero aquello tenía desventajas. Lo más probable sería
que los espíritus guerreros le buscaran para acabar con él y le alcanzaran antes de que
lograra escapar. Mientras se escondía entre las rocas observando cómo se preparaba el
jefe para abandonar su cuerpo, se le ocurrió otro plan.
»Taha Aki abandonó su cuerpo en el lugar sagrado y voló con el viento para cuidar de
su pueblo. Utlapa esperó hasta asegurarse de que el espíritu del jefe se había alejado una
cierta distancia.

»Taha Aki supo el momento exacto en que Utlapa se le unió en el mundo de los
espíritus y también se percató de sus propósitos homicidas. Volvió a toda velocidad hacia
el lugar sagrado, pero incluso los vientos fueron incapaces de ir lo bastante rápido para
salvarle. A su regreso, su cuerpo se había marchado ya y el de Utlapa yacía abandonado,
pero su enemigo no le había dejado ninguna vía de escape, porque había cortado su
propia garganta con las manos de Taha Aki.
»El Espíritu Jefe siguió a su cuerpo mientras bajaba la montaña e increpó a Utlapa,
pero éste le ignoró como si no fuera más que viento.
»Taha Aki presenció con desesperación cómo Utlapa usurpaba su puesto como jefe
de los quileute. Lo único que hizo el traidor durante las primeras semanas fue cerciorarse
de que nadie descubría su impostura. Luego, empezaron los cambios, porque el primer
edicto de Utlapa consistió en prohibir a todos los guerreros entrar en el mundo de los
espíritus. Alegó que había tenido la visión de un peligro, pero lo cierto era que estaba
asustado. Sabía que Taha Aki estaría esperando el momento de contar su historia. Utlapa
también temía entrar en el mundo de los espíritus, sabiendo que en ese caso, Taha Aki

reclamaría su cuerpo rápidamente. Así pues, sus sueños de conquista con un ejército de
espíritus guerreros eran imposibles, por lo que se contentó con gobernar la tribu. Se
convirtió en un estorbo, siempre a la búsqueda de privilegios que Taha Aki jamás había
reclamado, rehusando trabajar codo a codo con los demás guerreros, y tomando otra
esposa joven, la segunda, y después una tercera, a pesar de que la primer esposa de
Taha Aki aún vivía, algo que nunca se había visto en la tribu. El Espíritu Jefe lo observaba
todo con rabia e impotencia.
»Hubo un momento en que incluso Taha Aki quiso matar su propio cuerpo para salvar
a la tribu de los excesos de Utlapa. Hizo bajar a un lobo fiero de las montañas, pero el
usurpador se escondió detrás de sus guerreros. Cuando el lobo mató a un joven que
estaba protegiendo al falso jefe, Taha Aki sintió una pena terrible, y por eso, ordenó al
lobo que se marchara
.
»Todas las historias nos dicen que no era fácil ser un espíritu guerrero. Liberarse del
propio cuerpo resultaba más aterrador que excitante y ése es el motivo por el que
reservaban el uso de la magia para los tiempos de necesidad. Los solitarios viajes de
vigilia del jefe habían sido siempren una molestia y un sacrificio, ya que estar sin cuerpo
desorientaba y era una experiencia horrible e incómoda. Taha Aki llevaba ya tanto tiempo
fuera de su cuerpo que llegó a estar al borde de la agonía. Se sentía maldito y creía que
,
atrapado para siempre en el martirio de esa nada, jamás podría cruzar a la tierra del más
allá, donde le esperaban los ancestros.
»El gran lobo siguió al espíritu del jefe a través de los bosques mientras se retorcía y
se contorsionaba en su sufrimiento. Era un animal muy grande y bello entre los de su
especie. De pronto, el jefe sintió celos del estúpido lobo que, al menos, tenía un cuerpo y
una vida. Incluso una existencia como animal sería mejor que esa horrible conciencia de
la nada.

»Y entonces, Taha Aki tuvo la idea que nos hizo cambiar a todos. Le rogó al gran lobo
que le hiciera sitio en su interior para compartir su cuerpo y éste se lo concedió. Taha Aki
entró en el cuerpo de la criatura con alivio y gratitud. No era su cuerpo humano, pero
resultaba mejor que la incorporeidad del mundo de los espíritus.
»El hombre y el lobo regresaron al poblado del puerto formando un solo ser. La gente
huyó despavorida y reclamó a gritos la presencia de los guerreros, que acudieron a
enfrentarse a la bestia con sus lanzas. Utlapa, por supuesto, permaneció escondido y a
salvo.
»Taha Aki no atacó a sus guerreros. Retrocedió lentamente ante ellos, hablándoles
con los ojos e intentando aullar las canciones de su gente. Los guerreros comenzaron a

darse cuenta de que no era un animal corriente y que lo poseía un espíritu. Un viejo
luchador, de nombre Yut, decidió desobedecer la orden del falso jefe e intentó
comunicarse con el lobo.
»Tan pronto como Yut cruzó al mundo de los espíritus, Taha Aki dejó al lobo, el animal
esperó obedientemente su regreso, para hablar con él. Yut comprendió la verdad al
instante y dio la bienvenida al verdadero jefe a su casa.
»En este momento, Utlapa apareció para ver si habían derrotado al carnívoro. Cuando
descubrió que Yut yacía sin vida en el suelo, rodeado por los guerreros que le protegían,
se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo. Sacó su cuchillo y corrió a matar a Yut antes
de que pudiera regresar a su cuerpo.
»—¡Traidor! —exclamó, y los guerreros no supieron qué hacer. El jefe había prohibido
los viajes astrales y a él correspondía administrar el castigo a quienes desobedecían.

»Yut saltó dentro de su cuerpo, pero Utlapa tenía ya el cuchillo en su garganta y le
había cubierto la boca con una mano. El cuerpo de Taha Aki era fuerte y Yut estaba
debilitado por la edad, así que no pudo decir ni una palabra para avisar a los otros antes
de que Utlapa lo silenciara para siempre.
»Taha Aki observó cómo el espíritu de Yut se deslizaba hacia las tierras del más allá,
que le estaban vedadas por toda la eternidad. Le abrumó una ira superior a cualquier otro
sentimiento que había experimentado hasta ese momento. Volvió al cuerpo del gran lobo
con la intención de desgarrar la garganta de Utlapa pero, en cuanto se unió a la bestia,
acaeció un gran acontecimiento mágico.
»La ira de Taha Aki era la de un hombre, el amor que profesaba por su gente y el odio
por su opresor fueron emociones demasiado humanas, demasiado grandes para el
cuerpo del animal, así que éste se estremeció y Utlapa se transformó en un hombre ante

los ojos de los sorprendidos guerreros.
»El nuevo hombre no tenía el mismo aspecto que el cuerpo de Taha Aki, sino que era
mucho más glorioso: la interpretación en carne del espíritu de Taha Aki. Los guerreros le
reconocieron al momento, porque ellos habían volado con el espíritu de Taha Aki.
«Utlapa intentó huir, pero el nuevo Taha Aki tenía la fuerza de un lobo, por lo que
capturó al suplantador y aplastó el espíritu dentro de él antes de que pudiera salir del
cuerpo robado.
»La gente se alegró al comprender lo ocurrido. Taha Aki rápidamente puso todas las
cosas en su sitio, trabajando otra vez con su gente y devolviendo de nuevo a las esposas
con sus familias. El único cambio que mantuvo fue el fin de los viajes espirituales, sabedor
de su peligro ahora que ya existía la idea de robar vidas con ellos. No hubo más espíritus
guerreros.

»Desde entonces en adelante, Taha Aki fue más que un lobo o un hombre. Le
llamaron Taha Aki, el Gran Lobo, o Taha Aki, el Hombre Espíritu. Lideró la tribu durante
muchos, muchos años, porque no envejecía. Cuando amenazaba algún peligro, volvía a
adoptar su forma de lobo para luchar o asustar al enemigo, y así la tribu vivió en paz.
Taha Aki tuvo una prolífica descendencia y muchos de sus hijos, al llegar la edad de
convertirse en hombres, también se convertían en lobos. Todos los lobos eran diferentes
entre sí, porque eran espíritus lobo y reflejaban al hombre que llevaban dentro
.

—Por eso Sam es negro del todo —murmuró Quil entre dientes, sonriendo—. Corazón
negro, pelaje negro.
Yo estaba tan inmersa en la historia que fue un shock regresar a la realidad, al círculo
en torno a las llamas agonizantes. Con sorpresa, me di cuenta de que el círculo se
componía de los tataranietos de los tataranietos de los tataranietos de Taha Aki. O más
aún. A saber cuántas generaciones habrían pasado.
El fuego arrojó una lluvia de chispas al cielo, donde temblaron y bailaron, adquiriendo
formas casi indescifrables.
—¿Y qué es lo que refleja tu pelambrera de color chocolate? —respondió Sam a Quil
entre susurros—. ¿Lo dulce que eres?
Billy ignoró sus bromas.
Algunos de sus hijos se convirtieron en los guerreros de Taha Aki y tampoco
envejecieron. Otros se negaron a unirse a la manada de hombres lobo porque les
disgustaban las transformaciones, y éstos sí envejecían. Con los años, la tribu descubrió
que los licántropos podían hacerse ancianos como cualquiera si abandonaban sus
espíritus lobo. Taha Aki vivió el mismo periodo de tiempo que tres hombres. Se casó con
una tercera mujer después de que murieran otras dos y encontró en ella la verdadera
compañera de su espíritu, y aunque también amó a las otras dos, con ésta experimentó
un sentimiento más intenso. Así que decidió abandonar a su espíritu lobo para poder
morir con ella.

»Y así fue como llegó a nosotros la magia, aunque no es el final de la historia...
Miró al anciano Quil Ateara, que cambió de postura en su silla y estiró sus frágiles
hombros. Billy bebió de una botella de agua y se secó la frente. El bolígrafo de Emily no
paró y continuó garabateando furiosamente en el papel.
Esa fue la historia de los espíritus guerreros —comenzó el Viejo Quil con su aguda
voz de tenor—. Y ésta es la historia del sacrificio de la tercera esposa.
«Muchos años después de que Taha Aki abandonara su espíritu lobo, cuando había
alcanzado la edad provecta, estallaron problemas en el norte con los makah a causa de la
desaparición de varias jóvenes de su tribu. Los makah culpaban de ello a los lobos

vecinos, a los que temían y de los que desconfiaban. Los hombres lobo podían acceder al
pensamiento de los demás mientras estaban en forma lupina, del mismo modo que sus
ancestros cuando adquirían su forma de espíritu, por lo que sabían que ninguno de ellos
estaba involucrado. Taha Aki intentó tranquilizar al jefe de los makah, pero había
demasiado miedo. Él no quería arriesgarse a una lucha, pues ya no era un guerrero en
condiciones de llevar a la tribu al combate. Por eso, encomendó a su hijo lobo Taha Wi, el
mayor, la tarea de descubrir al verdadero culpable antes de que se desataran las
hostilidades.
»Taha Wi emprendió una búsqueda por las montañas con cinco lobos de su manada
en pos de cualquier evidencia de las desaparecidas. Hallaron algo totalmente novedoso:
un extraño olor dulzón en el bosque que les quemaba la nariz hasta el punto de hacerles
daño
.
Me encogí un poco al lado de Jacob. Vi cómo una de las comisuras de sus labios se
torcía en un gesto de sonrisa y su brazo se tensó a mi alrededor.
No conocían a ninguna criatura que dejara semejante hedor, pero lo rastrearon
igualmente
—continuó el Viejo Quil. Su voz temblorosa no tenía la majestad de la de Billy,
pero sí un extraño tono afilado, urgente, feroz. Se me aceleró el pulso conforme sus
palabras adquirieron velocidad—. Encontraron débiles vestigios de fragancia y sangre
humanas a lo largo del rastro. Estaban convencidos de seguir al enemigo adecuado.

»El viaje les llevó tan al norte que Taha Wi envió de vuelta al puerto a la mitad de la
manada, a los más jóvenes, para informar a Taha Aki.
»Taha Wi y sus dos hermanos nunca regresaron.
»Los más jóvenes buscaron a sus hermanos mayores, pero sólo hallaron silencio.
Taha Aki lloró a sus hijos y deseó vengar su muerte, pero ya era un anciano. Vistió sus
ropas de duelo y acudió en busca del jefe de los makah para contarle lo acaecido. El jefe
makah creyó en la sinceridad de su dolor y desaparecieron las tensiones entre las dos

tribus.
»Un año más tarde, desaparecieron de sus casas dos jóvenes doncellas makah en la
misma noche. Los makah llamaron a los lobos quileute rápidamente, que descubrieron el
mismo olor dulzón por todo el pueblo. Los lobos salieron de caza de nuevo.
»Sólo uno regresó. Era Yaha Uta, el hijo mayor de la tercera esposa de Taha Aki, y el
más joven de la manada. Se trajo con él algo que los quileute jamás habían visto antes,
un extraño cadáver pétreo y frío despedazado. Todos los que tenían sangre de Taha Aki,
incluso aquellos que nunca se habían transformado en lobos, aspiraron el olor penetrante
de la criatura muerta. Este era el enemigo de los makah.

»Yaha Uta contó su aventura: sus hermanos y él encontraron a la criatura con
apariencia de un hombre, pero duro como el granito, con las dos chicas makah. Una ya
estaba muerta en el suelo, pálida y desangrada. La otra estaba en los brazos de la
criatura, que mantenía la boca pegada a su garganta. Quizá aún vivía cuando llegaron a
la espantosa escena, pero aquel ser rápidamente le partió el cuello y tiró el cuerpo sin
vida al suelo mientras ellos se aproximaban. Tenía los labios blancos cubiertos de sangre
y los ojos le brillaban rojos.
»Yaha Uta describió la fuerza y la velocidad de la criatura. Uno de sus hermanos se
convirtió muy pronto en otra víctima al subestimar ese vigor. La criatura le destrozó como
a un muñeco. Yaha Uta y su otro hermano fueron más cautos y atacaron en equipo
,
mostrando una mayor astucia al acosar a la criatura desde dos lados distintos. Tuvieron
que llegar a los límites extremos de su velocidad y fuerza lobuna, algo que no habían
tenido que probar hasta ese momento. Aquel ser era duro como la piedra y frío como el
hielo. Se dieron cuenta de que sólo le hacían daño sus dientes, por lo que en el curso de
la lucha fueron arrancándole trozos de carne a mordiscos.
»Pero la criatura aprendía rápido y pronto empezó a responder a sus maniobras.
Consiguió ponerle las manos encima al hermano de Yaha Uta y éste encontró un punto
indefenso en la garanta del ser de hielo, y lo atacó a fondo. Sus dientes le arrancaron la
cabeza, pero las manos del enemigo continuaron destripando a su hermano.

»Yaha Uta despedazó a la criatura en trozos irreconocibles y los arrojó a su alrededor
en un intento desesperado de salvar a su hermano. Fue demasiado tarde, aunque al final
logró destruirla.
»O eso pensó al menos. Yaha Uta llevó los restos que quedaron para que fueran
examinados por los ancianos. Una mano cortada estaba al lado de un trozo del brazo
granítico de la criatura. Las dos piezas entraron en contacto cuando los ancianos las
movieron con palos y la mano se arrastró hacia el brazo, intentando unirse de nuevo.
»Horrorizados, los ancianos incineraron los restos. El aire se contaminó con una gran
nube de humo asfixiante y repulsiva. Cuando sólo quedaron cenizas, las dividieron en
pequeñas bolsitas y las esparcieron muy lejos y separadas unas de otras, algunas en el
océano, otras en el bosque, el resto en las cavernas del acantilado. Taha Aki anudó una
bolsita alrededor de su cuello, con la finalidad de poder dar la alarma en caso de que la

criatura intentara rehacerse de nuevo.
El Viejo Quil hizo una pausa y miró a Billy, que alzó una cuerda de cuero anudada a
su cuello de cuyo extremo pendía una bolsita renegrida por el paso del tiempo. Varios
oyentes jadearon. Probablemente yo fui una de ellas.
Le llamaron el Frío, el bebedor de sangre, y vivieron con el miedo de que no
estuviera solo pues la tribu contaba únicamente con un lobo protector, el joven Yaha Uta.

»Enseguida salieron de dudas. La criatura tenía una compañera, otra bebedora de
sangre, que vino a las tierras de los quileute clamando venganza.
»Las historias sostienen que la Mujer Fría era la criatura más hermosa que habían
visto los ojos humanos. Parecía una diosa del amanecer cuando entró en el pueblo
aquella mañana; el sol brilló de pronto e hizo resplandecer su piel blanca y el cabello
dorado que flotaba hasta sus rodillas. Tenía una belleza mágica, con los ojos negros y el
rostro pálido. Algunos cayeron de rodillas y la adoraron.
»Pidió algo en una voz alta y penetrante, en un idioma que nadie había escuchado
antes. La gente se quedó atónita sin saber qué contestarle. No había nadie del linaje de
Taha Aki entre los testigos, salvo un niño pequeño. Este se colgó de su madre y gritó que
el olor de la aparición le quemaba la nariz. Uno de los ancianos, que iba de camino hacia
el Consejo, escuchó al muchacho y se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo. Ordenó la
huida a voz en grito. Ella le mató a él en primer lugar.
»Sólo sobrevivieron dos de los veinte testigos de la llegada de la Mujer Fría, y ello
gracias a que la sangre la distrajo e hizo una pausa en la matanza para saciar su sed.
Esos dos supervivientes corrieron hacia donde estaba Taha Aki, sentado en el Consejo
con los otros ancianos, sus hijos y su tercera esposa
.
»Yaha Uta se transformó en lobo en cuanto oyó las noticias y se fue solo para destruir
a la bebedora de sangre. Taha Aki, su tercera esposa, sus hijos y los ancianos le
siguieron.
»Al principio no encontraron a la criatura, sólo los restos de su ataque: cuerpos rotos,
desangrados, tirados en el camino por el que había llegado. Entonces, oyeron los gritos y
corrieron hacia el puerto.

»Un puñado de quileutes había corrido hacia las canoas en busca de refugio. Ella
nadó hacia ellos como un tiburón y rompió la proa de la embarcación con su fuerza
prodigiosa. Cuando la canoa se fue a pique, atrapó a quienes intentaban apartarse a nado
y los mató también.
»Se olvidó de los nadadores que se daban a la fuga cuando atisbo al gran lobo en la
playa. Nadó tan deprisa que se convirtió en un borrón y llegó, mojada y gloriosa, a
enfrentarse con Yaha Uta. Le señaló con un dedo blanco y le preguntó algo
incomprensible. Yaha Uta esperó.

»Fue una lucha igualada. Ella no era un guerrero como su compañero, pero Yaha Uta
estaba solo y nadie pudo distraerla de la furia que concentró en él.
«Cuando Yaha Uta fue vencido, Taha Aki gritó desafiante. Calló hacia delante y se
transformó en un lobo anciano, de hocico blanco. Estaba viejo, pero era Taha Aki, el
Hombre Espíritu, y la ira le hizo fuerte. La lucha comenzó de nuevo.
»La tercera esposa de Taha Aki acababa de ver morir a su hijo. Ahora era su marido
el que luchaba y ella había perdido la esperanza de que venciera. Había escuchado en el
Consejo cada palabra pronunciada por los testigos de la matanza. Había oído la historia
de la primera victoria de Yaha Uta y sabía que su difunto hijo triunfó en aquella ocasión
gracias a la distracción causada por su hermano.
»La tercera esposa tomó un cuchillo del cinturón de uno de los hijos que estaban a su
lado. Todos eran jóvenes, aún no eran hombres, y ella sabía que morirían cuando su
padre perdiera.
»Corrió hacia la Mujer Fría con la daga en alto. Ésta sonrió, sin distraerse apenas de
la lucha con el viejo lobo. No temía ni a la débil humana ni al cuchillo, que apenas le
arañaría la piel. Estaba dispuesta ya a descargar el golpe de gracia sobre Taha Aki.
»Y entonces la tercera esposa hizo algo inesperado. Cayó de rodillas ante la
bebedora de sangre y se clavó el cuchillo en el corazón.
»La sangre borbotó entre los dedos de la tercera esposa y salpicó a la Mujer Fría, que
no pudo resistir el cebo de la sangre fresca que abandonaba el cuerpo de la mujer
agonizante, y de modo instintivo, se volvió hacia ella, totalmente consumida durante un
segundo por la sed.
»Los dientes de Taha Aki se cerraron en torno a su cuello.
»Ese no fue el final de la lucha, ya que ahora Taha Aki no estaba solo. Al ver morir a
su madre, dos de sus jóvenes hijos sintieron tal ira que brotaron de ellos sus espíritus
lobo, aunque todavía no eran hombres. Consiguieron acabar con la criatura, junto con su
padre.
»Taha Aki jamás volvió a reunirse con la tribu. Nunca volvió a convertirse en hombre.
Permaneció echado todo un día al lado del cuerpo de la tercera esposa, gruñendo cada

vez que alguien intentaba acercársele, y después se fue al bosque para no regresar
jamás.
»Apenas hubo problemas con los fríos a partir de aquel momento. Los hijos de Taha
Aki protegieron a la tribu hasta que sus propios hijos alcanzaron la edad necesaria para
ocupar su lugar. Nunca hubo más de tres lobos a la vez, porque ese número era
suficiente. Algún bebedor de sangre aparecía por estas tierras de vez en cuando, pero
caían víctimas de la sorpresa, ya que no esperaban a los lobos. Alguna vez moría algún
protector, pero nunca fueron diezmados como la primera vez, pues habían aprendido a
luchar contra los fríos y se transmitieron el conocimiento de unos a otros, de mente a
mente, de espíritu a espíritu, de padre a hijo.

»El tiempo pasó y los descendientes de Taha Aki no volvieron a convertirse en lobos
cuando alcanzaban la hombría. Los lobos sólo regresaban en momentos esporádicos,
cuando un frío aparecía cerca. Los fríos venían de uno en uno o en parejas y la manada
continuó siendo pequeña.
«Entonces, apareció un gran aquelarre y nuestros propios tatarabuelos se prepararon
para luchar contra ellos. Sin embargo, el líder habló con Ephraim Black como si fuera un
hombre y le prometió no hacer daño a los quileute. Sus extraños ojos amarillos eran la
prueba de que ellos no eran iguales a los otros bebedores de sangre. Superaban en
número a los lobos, así que no había necesidad de que los fríos ofrecieran un tratado
cuando podían haber ganado la lucha. Ephraim aceptó. Permanecieron fieles al pacto,
aunque su presencia sirvió de atracción para que vinieran otros.

»El aumento del aquelarre forzó a que la manada fuera la mayor que la tribu había
visto jamás
—continuó el Viejo Quil y durante un momento sus ojos negros, casi
enterrados entre las arrugas de la piel que los rodeaban, parecieron pararse en mí—,
excepto, claro, en los tiempos de Taha Aki —luego, suspiró—. Y así los hijos de la tribu
otra vez cargan con la responsabilidad y comparten el sacrificio que sus padres
soportaron antes que ellos...>>


  • En la pelicula 3 de la saga tambien aparece un estracto de esta historia pero está tan resumida que solo cuentan la parte de la tercera esposa y el pacto con los Cullen.

Ukizu 16 03:55 16 ago 2010 (UTC)Uzuki_16

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